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Disculpad el retrado en la apertura de post.
Un cordial saludo
CMP

martes, 1 de abril de 2014

La inteligencia, la voluntad, los hábitos y la madurez de la personalidad

Buenas tardes,
Entramos en la recta final del tema 2:

1. Las dos facultades superiores del hombre. En ellas destaca "que no tienen órgano".
2. Los hábitos de cada una de ellas, es decir, en qué consiste su crecimiento propio.
3. Qué entendemos por personalidad -que está ligado a la operatividad-
4. Si se puede describir de algún modo la personalidad madura.

Creo que son temas de suficiente relevancia como para tratarlos con profunidad.

 Un cordial saludo CMP

12 comentarios:

Dolores Malpica dijo...

El lenguaje, realidad exclusiva del hombre, nos permite acceder a la inteligencia, porque con él el hombre habla de su interior, pone palabras a su pensamiento. La riqueza del lenguaje se manifiesta en sus características: infinitud (podemos pensar sobre todo y podemos expresarlo de infinidad de formas), alteridad (podemos hablar del mundo de forma objetiva y no sólo desde nuestro contacto con él), reflexividad (mediante el lenguaje -partiendo del “yo”- la inteligencia puede verse a sí misma), sin limitación orgánica (la inteligencia es inmaterial, es espiritual).

Lo mejor del lenguaje es quizás que no se agota en sí mismo, que se puede compartir y hacer participar a varias personas de lo mismo; esto se entiende muy bien con el ejemplo que puso Consuelo en clase: una tarta la podemos compartir entre 6, pero entre 50 tocamos a migajas; sin embargo, un chiste lo podemos disfrutar muchos a la vez, siendo incluso más divertido cuanto mayor sea el auditorio. Esto me trae a la cabeza la imagen de un relato de Gloria Fuertes que leí de pequeña: el “hada acaramelada”, que regala caramelos a la puerta de un colegio y cuantos más caramelos daba, más se le llenaba el cesto. Lo que me lleva a pensar también en la inmanencia de la inteligencia y el que las operaciones intelectuales que realizamos nos facilitan las operaciones posteriores y producen cambios en la inteligencia misma.

Respecto a los hábitos de la inteligencia -disposiciones estables para la realización de operaciones intelectuales-, estos pueden ser (a) teóricos, orientados al conocimiento verdadero; o (b) prácticos, que buscan lo bueno en el obrar.

La voluntad, por su parte, es la facultad tendencial correlativa a la inteligencia (y al igual que ésta facultad espiritual o sin órgano), que se plasma en la conducta, dando lugar a las acciones voluntarias. La operación de la voluntad es querer y esto puede hacerse de cinco modos: desear, decidir, dominar, crear y amar. ¡Qué bonita frase elige Polo para explicar que querer es decidir: “Vivir es estar ante un horizonte”! Equivale a las también bellas palabras de Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Ahí está nuestra libertad.

Finalmente, respecto a la madurez, ésta es la facilidad para el acierto en el saber, en el actuar, en el reaccionar; es la capacidad para “hacerse cargo” y en ello juega un papel muy importante la educación. Cuatro son las capacidades que han de crecer para la madurez de la personalidad: capacidad de afrontar lo arduo (fortaleza), capacidad de distinguir medio y fines o de retardar el deleite (templanza), capacidad de reconocer empáticamente al otro (justicia) y capacidad de decidir atendiendo a lo real (prudencia). A todo ello debe unirse la piedad, el reconocimiento de que en el hombre casi todo es recibido.

Juana Mª Urcelay Delgado dijo...

De entre las facultades del hombre, destacan la inteligencia y la voluntad. Ambas se caracterizan por no tener un órgano. El ser humano es capaz de conocer que está conociendo, por tanto, la inteligencia se ve a sí misma, cosa que no sucede por ejemplo a la vista, ya que no podemos ver al ojo (órgano) viendo. Esta afirmación nos lleva a concluir que la inteligencia no tiene órgano. Además, el hombre puede pensar cualquier cosa, el objeto pensable es ilimitado. La inteligencia no tiene un órgano que le limite el objeto a pensar, no existe una limitación orgánica. Por tanto, la inteligencia además de ser inmaterial como el resto de facultades, es además espiritual, no depende de la materia aunque sí que es cierto que conoce a partir de los objetos de los sentidos externos.
Al igual que las demás operaciones, las operaciones intelectuales se caracterizan también por la inmanencia, de tal forma que producen cambios en la inteligencia facilitándole las siguientes operaciones, es decir, adquiriendo hábitos. De entre los hábitos de la inteligencia destacan:
• Los hábitos teóricos (hábito de los primeros principios, de ciencia y de sabiduría). Están orientados al conocimiento verdadero por lo que es lógico que el desarrollo intelectual deba ir orientado a la adquisición de los mismos.
• Los hábitos prácticos (arte y técnica y prudencia). Buscan lo acertado, lo bueno y se desarrollan en orden al obrar.
La otra facultad superior del hombre es la voluntad. Se trata de la facultad tendencial correlativa a la inteligencia, la que se inclina al objeto conocido intelectualmente. Se trata de una facultad que tampoco tiene órgano, es espiritual.
Debido a la inmanencia, en el caso de la voluntad, la repetición de actos voluntarios forjan los hábitos de la voluntad, perfeccionando esta facultad. Estos hábitos reciben el nombre de virtudes y son disposiciones estables que facilitan el obrar acertado. Estas virtudes son la fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia.
Tanto los hábitos de la inteligencia como las virtudes de la voluntad constituyen los pilares de la personalidad madura. Así, para lograr una personalidad capaz de desenvolverse adecuadamente en el mundo, han de crecer cuatro capacidades:
• La capacidad de afrontar lo arduo o capacidad de afrontamiento. Esta capacidad radica en el apetito irascible y crece hasta la voluntad, hablando entonces de la virtud de la fortaleza.
• La capacidad de distinguir medios y fines o de retardar el deleite en pos de un objetivo mejor. Esta capacidad radica en el apetito concupiscible y crece hasta la voluntad, desarrollándose la virtud de la templanza.
• La capacidad de reconocer empáticamente al otro en cuanto otro, permitiendo un trato acorde a la realidad, justo y adecuado. Incluye muchas de las caracterizaciones de la inteligencia emocional.
• La capacidad de decidir atendiendo a lo real. Para ello se hacen necesarios hábitos intelectuales y volitivos, característicos de la madurez. La virtud necesaria es la prudencia.

Terminando, como último pilar de la personalidad madura se encuentra el rasgo del sentido de la filiación, el agradecimiento, o dicho en términos clásicos, la piedad o reconocimiento de que casi todo es recibido. Y visto con radicalidad, el reconocimiento de que el propio ser personal nos ha sido dado por el Ser Personal.

Yolanda Navarro Alonso dijo...

INTELIGENCIA Y VOLUNTAD:

El hombre cuando habla es para transmitir deseos, emociones, pensamientos... De esta manera hace participe a los demás de esas "ideas" que tiene, es decir, comparte.

Además de pensar en uno mismo podemos tener pensamientos y transmitirlos a través del lenguaje, sobre el mundo y otros temas que no solo conciernen a uno mismo.

A través de la inteligencia el hombre puede abstraer, es decir, conocer algo, juzgar y razonar, de esta manera el hombre tiene conocimiento de la realidad.

Con la inteligencia a través de la voluntad se puede desarrollar una serie de hábitos como afrontar lo arduo (fortaleza), distinguir entre los medios y los fines (templanza), hacerse cargo de las cosas y conocerlas (justicia), y la capacidad de decidir sabiendo lo que es real (prudencia).
De mano de la voluntad y la inteligencia el ser humano puede crecer en virtudes.

Marta Fernández dijo...

Según la definición del texto entendemos voluntad como algo progresivo a la inteligencia pues nos presenta el “objeto” por el cual podemos sentir alguno de los tipos de voluntad estudiados, es decir, la voluntad está ligada o limitada a nuestra inteligencia o razonamiento que nos señala qué camino tomar en determinadas ocasiones, que me apetece escoger, que me apetece leer, etc. Pese a que comparto lo anteriormente dicho no puedo aceptarlo del todo, pues yo entiendo también que la voluntad en algunas ocasiones debe o debería de carecer de razonamiento o inteligencia y que simplemente nos dejemos llevar por “x” motivos o situaciones y recalco solo en motivos o situaciones puntuales.
Creo que cuando hablamos de “crear” de querer crear o la voluntad de crear abrimos un sinfín de posibilidades ante nosotros, nos ayuda a alcanzar nuestras metas u horizontes (el futuro) del cual el hombre vive pues vivimos más para el mañana que para el presente y es muy importante saber establecer las metas en dicho horizonte ligados al poder de la creación que cada uno posea y no hace falta ser un artista como tal para hacer uso de la creatividad. Debemos enseñar a los alumnos a desarrollar su creatividad de forma sana y eficiente que les ayude a establecerse en la realidad para alcanzar un objetivo mayor en el futuro. La vida se encargará de ponernos a prueba para que nuestra inteligencia y por ende nuestra voluntad maduren y se vayan perfeccionando los hábitos que nos ayuden a lo largo de nuestra vida.

Quiero acabar con una frase que me parece simplemente sublime: “La voluntad más libre es aquella que, en toda situación, dota de sentido aquello que la vida le presenta”.

H. MAGDALENA SOFÍA HERNÁNDEZ CASTANEDA dijo...


MADUREZ DE LA PERSONALIDAD
SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN.
Cabe destacar en este tema que la educación juega un rol muy importante porque sin ella la persona no alcanza el nivel de madurez requerido para asumir la propia vida como tal, como propia, y responder de ella.
La madurez se va forjando poco a poco y no es otra cosa que la disposición permanente, una facilidad para el acierto en el saber, en el actuar y en el reaccionar.
Está regida por una jerarquización que permite discernir y establecer prioridades, que nos ayudan a lograr la madurez de la personalidad para ello es importante que los hábitos de la inteligencia y virtudes de la voluntad se correspondan con sus pilares.
Para que una persona sea capaz de desenvolverse adecuadamente en el mundo, es necesario que conozca y se viva las virtudes cardinales (Fortaleza, templanza, prudencia, justicia) que son las notas o pilares que a ellas corresponden y el sentido de filiación.

Jose-Maria Poveda dijo...

La percepción de algo como posible/imposible y evitable/inevitable depende de la percepción subjetiva acerca de la relevancia de las cosas y de la “capacidad de afrontamiento” del sujeto. Por eso, las emociones nos ofrecen una valiosa información acerca del mundo interior de la persona, que “será afectivamente madura cuando sus emociones sean proporcionales a la causa que las produce.” Esto no es fruto del conocimiento sensible, sino de la inteligencia, que es capaz de discernir si las cosas son o no como el sujeto las “siente”. Si no se es capaz de ello, se cae en el “sentimentalismo”, que lleva a la persona a actuar “sinceramente”, o desde lo más profundo de sí mismo, en realidad está reaccionando ante estímulos externos o internos no comprendidos. No está reaccionando ante la realidad, sino ante una valoración cuasisomática.
Este “sentimentalismo” está ampliamente extendido en nuestra sociedad. Muchas veces nos encontramos con la muy extendida actitud del juicio falto de profundidad, a veces sobre cosas vitales, y que no está basado en un juicio de la inteligencia fruto del conocimiento y de la reflexión, sino en una noción superficial del asunto. La decisión se basa entonces en los propios sentimientos, no en la verdad que está en el fondo de la cuestión. La discusión no está entonces en si el matrimonio y la fidelidad son un valor, sino en si yo “siento” o “no siento” algo. La discusión no está en si el embrión es o no es vida humana, sino en lo que puedo ver y sentir, que, en este caso, es muy poco. ¿Cuántas personas participarían en un aborto si le hubieran podido mirar previamente a la cara al niño?
Parece como si muchas decisiones de carácter ético estuvieran impregnadas de la confusión entre persona y personalidad, porque se tiende no a profundizar en la verdad de la persona, sino en los vaivenes de aquello que percibimos y sentimos, que es parte de nuestra personalidad.
La confusión entre persona y personalidad es muy frecuente. Llevado a su último término es algo que tiene una serie de consecuencias graves, por eso no se trata de una cuestión meramente academicista.
P.ej. sabiendo que la personalidad es algo cambiante, todo compromiso estable, si está basado sobre la personalidad, sería imposible. Del mismo modo se tambalea el concepto de la dignidad de la persona si ésta se asienta sobre los rasgos de la personalidad.

José Nieto Pol dijo...

La inteligencia, la voluntad, los hábitos y la madurez de la personalidad.
Al enumerar las características del lenguaje humano (infinitud, alteridad, carácter reflexivo) se concluye el carácter espiritual de la inteligencia. Parece que el argumento conclusivo es la ausencia de limitación orgánica: la inteligencia puede verse a sí misma (si el ojo se ve a sí mismo, no ve nada más: se llama cataratas; el oído tampoco puede oírse a sí mismo); no hay órgano que limite el objeto que puede ser pensado. De ello se deriva que el alma humana es espiritual. He acudido al libro de Polo, Quién es el hombre, buscando su argumentación de ese carácter espiritual del alma. Es sugerente. Explica qué es el espíritu a través de lo que éste nos permite hacer. En concreto, es gracias al espíritu que podamos abstraer cualidades estables de la materia (gracias a esta labor, nuestra inteligencia ve oportunidades creativas, donde el resto de los animales tiene una visión plana). Es el que nos permite poseer ideas abstractas, aquellas que no tienen medida, ni color, ni dependen para nada de la materia, pues no se dan en la materia (la paz no es blanca, ni la verdad posee peso específico). Es el espíritu quien nos permite la autorreflexión, ese volver sobre nosotros mismos. Por el espíritu vivimos liberados del entorno: no estamos determinados por los estímulos del ambiente que nos rodea; nunca se sabrá de antemano cómo va a reaccionar un hombre ante un estímulo concreto: lo impide la libertad. El espíritu es el que nos permite tener una capacidad de crecimiento irrestricto, en lo específicamente humano: siempre podremos aspirar a más.

José Nieto Pol dijo...

La inteligencia, la voluntad, los hábitos y la madurez de la personalidad.
La personalidad madura no se puede improvisar. Son demasiados los instrumentos que componen esa orquesta, para dejar a la suerte que cada uno esté bien afinado, que además lo sea en el mismo tono que el resto, y que suenen de manera armoniosa y acompasada. Sin un empeño ordenado no parece posible conseguir ese equilibrio. Una personalidad es madura, cuando responde de manera adecuada, proporcionada a los estímulos que recibe. La personalidad madura será, con suerte, el resultado de la actuación libre de la persona que ha cultivado mediante el ejercicio continuado, una serie de capacidades.
¿Cuáles son esas capacidades?
La capacidad para afrontar lo arduo. Ordinariamente, lo valioso no es fácil. Es preciso superar obstáculos y dificultades para alcanzarlo. Carecer de esa capacidad, limita la existencia a lo fácil, lo cómodo, que siempre satisface menos. Aspirar a lo difícil exige fortaleza, resistencia.
La capacidad para superar el atractivo del deleite presente, para alcanzar otro futuro, que es bueno o mejor. La virtud de la templanza liberará de la esclavitud del placer inmediato, al que empuja el apetito concupiscible.
La capacidad de reconocer empáticamente al otro en cuanto otro, en orden a prestarle el trato adecuado. Dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, es propio de la virtud de la justicia.
La capacidad para decidir atendiendo a lo real. Con otras palabras, “saber tomar decisiones”; es lo propio del que ha adquirido la virtud de la prudencia.
No sé hasta qué punto una persona fuerte, templada, justa y prudente puede ser “insoportable”. Sí entiendo que estas características se aplican a su obrar, no a su ser. Y que la propuesta de considerar a la persona radicalmente como hijo (y por tanto orientada al agradecimiento, a la piedad) abre dimensiones muy sugerentes al ser humano.

H. MARÍA ELENA JIMÉNEZ DELGADO. dijo...

El lenguaje humano es una realidad exclusiva del hombre. Mediante el lenguaje podemos comunicarnos con los demás y nos vamos socializando. Somos capaces de hablar y pensar a la vez. El lenguaje contiene lo que pienso y éste es capaz de hacer participar a varias personas de lo mismo. Quiero resaltar la operación de la inteligencia, el juzgar. El objeto de juzgar es el juicio, que es atribuir una propiedad a un sujeto en el cual puede haber Verdad o Falsedad. Tenemos que tener mucho cuidado en este aspecto, sobre todo para no hacer juicios negativos o que sean destructivos. Pensemos que Dios es el único Juez y es el que nos va a juzgar a todos en el día del Juicio Final.
Siempre había escuchado que querer es poder. Pero aquí en el libro nos resaltan tres modos de querer como operación de la voluntad. Querer es desear, querer es dominar, querer es decidir, querer es crear, querer es amar.
Con respecto a la madurez, tenemos que ayudar a que nuestros alumnos crezcan y maduren. Sin educación la persona no madura. Encontramos a jóvenes que todavía no han madurado lo suficiente, es verdad que cada persona tiene su ritmo personal, pero nosotros tenemos que ayudarlos a que ellos mismos disciernan qué es importante, qué secundario, qué relevante, qué un capricho. Cuando un sujeto es incapaz de esa simple operación está inhabilitado para la vida. No dejarnos llevar por los afectos, por lo que sentimos ante determinadas circunstancias, tenemos que dominar cuando estar alegre y cuando tristes.

Daniel Santamaria Baena dijo...

El lenguaje no es un instinto, y no está inscrito en nuestro ADN sino que se trata de una realiza cultural, el lenguaje es vehículo del pensamiento, es decir el lenguaje contiene lo que pienso, permite la reflexión, el intercambio de información y la comunicación.
La inteligencia no solo es inmaterial sino que también es independiente de la materia, es espiritual. Las operaciones de la inteligencia están basadas en abstraer la información, juzgar y valorar la información, y razonar la información, es decir afianzar la verdad del concepto. Los hábitos teóricos de la inteligencia van en relación al conocimiento verdadero mientras que los hábitos prácticos de la inteligencia busca lo acertado, el arte del obrar. La voluntad se plasma en la conducta y es producida en relación a las emociones de la persona. Donde la esta tiene la posibilidad de desear, decidir, dominar, crear y amar. A la hora de querer algo es importante que el control emocional o mejor dicho la inteligencia emocional, para que esa voluntad caiga en un acto eticamente correcto y humano.
Todo crecimiento humano está regido por el orden. Un vez establecido el orden como criterio general que incide en lo concreto, se presentan los siguiente niveles, donde no puede darse un adecuado desarrollo del nivel siguiente sin una determinada madurez en el escalón previo. Somático, Psíquico, Social, Libre. El aprendizaje y el crecimiento son posibles si el sujeto quiere.
La madurez de la personalidad, exige un desarrollo adecuado de cada una de las facultades de la persona. Los afectos y las emociones, y la capacidad de controlar estas, a mi parecer son las bases de todo el desarrollo después, de las facultades de la persona.

Cristina Segura Meca dijo...

La madurez humana ha de entenderse como el punto culminante de todo ser humano para alcanzar un completo y equilibrado crecimiento y desarrollo. Dicha madurez no depende del mero paso del tiempo, sino que es fruto de una serie de incorporaciones aportadas por la educación recibida a lo largo de la vida, ya que sin educación la persona no madura. Cuando el sujeto no desarrolla su madurez está incapacitado para desarrollar plenamente su vida, Una persona inmadura sería alguien cuyas acciones y/o conducta resulta inapropiada para la edad cronológica o papel de la persona.
Decir que la persona debe madurar es algo así como afirmar que debe crecer acorde a lo que se espera de él, que debe mejorar. Conviene indicar que este crecimiento humano o madurez está regido por un orden, del mismo modo que es orden la armonía de la madurez que permite distinguir lo importante de lo secundario o menos relevante, jerarquizando y estableciendo prioridades que permitan la toma de decisiones, ya que si un sujeto es incapaz de realizar esta simple operación no está capacitado para afrontar muchos aspectos de la vida. Podemos distinguir cuatro estratos de crecimiento: somático, psíquico, social y libre.
Nuestro papel como educadores debemos abogar y dirigir a las personas para que crezcan, buscando que sean mejores y que se adapten correctamente al mundo social. Es necesario atender a la madurez de la personalidad para lograr un desarrollo psicológico equilibrado de la personalidad. Se trata de una cualidad abstracta resultado de un conjunto de factores no visibles que conforman la identidad de la persona, y a la vez determinan su comportamiento social y personal característico. Es necesario desarrollar cuatro aspectos muy importantes para que la personalidad de la persona sea madura. En primer lugar es importante que sea capaz de afrontar lo arduo para realizar operaciones propias. En segundo lugar debe distinguir entre medios y fines, o de mesura en el deleite presente. Seguidamente es necesario reconocer empáticamente al otro en cuanto otro, en orden a un trato adecuado. Por último, es imprescindible desarrollar la capacidad de decidir atendiendo a lo real.

Eunice Janssen Hernández dijo...


INTELIGENCIA Y VOLUNTAD

Lo que diferencia al ser humano del resto de los animales es la capacidad de comunicarnos a través de un lenguaje que no se basa únicamente en la emisión de mensajes a nivel básico de supervivencia (peligro, hambre, apareamiento...), sino que denota la existencia del pensamiento y éste a su vez refleja la existencia de una inteligencia inmaterial independiente. El pensamiento es infinito. Podemos pensar y hablar de cualquier cosa, tanto física como abstracta, hasta de lo que “no es” (negar), de cualquier manera y siempre podemos pensar más. La alteridad del lenguaje nos permite hablar de lo que es ajeno a nuestra persona y su reflexividad nos permite hablar de nosotros mismos. La inteligencia carece de órgano ya que podemos “conocer que estamos conociendo” y eso lo realizamos desde la psique independiente de la materia.

La inteligencia es una facultad tendencial capaz de abstraer o aprehender los conceptos de las impresiones que nos llegan tanto del exterior como del interior. Es capaz de juzgar dichas impresiones en cuanto a su adecuación a nuestros patrones de lo que es o nó real. Y es capaz de razonar en base a las observaciones y los juicios anteriormente elaborados. La realización de estas operaciones produce un cambio en la inteligencia misma, facilitándole operaciones posteriores, por lo tanto, cuanto más la utilizamos, más se desarrolla. El camino lógico del desarrrollo de la inteligencia se traza a través de los hábitos tanto teóricos cómo prácticos, que nos ayudan a ser coherentes con nosotros mismos y con lo que nos rodea.

Al mismo tiempo que la inteligencia, el individuo desarrolla la voluntad. Se trata de otra facultad sin órgano, es decir “espiritual” que se plasma en la conducta y da lugar a las acciones voluntarias, que reflejan lo que el individuo “quiere”.