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Disculpad el retrado en la apertura de post.
Un cordial saludo
CMP
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viernes, 21 de marzo de 2014
El mundo emocional
Se trata de comentar algunas cuestiones relativas al complejo mundo de las emociones: ya sea su génesis tal y como la aborda la antropología, ya sea su definición según la psicología; ya aspectos relativos a su educación, o bien cualquier otro punto de los tratados en clase o incluídos en el material de referencia.
Es un tema importante en educación, no siempre abordado con profundidad; y es un tema clave en orden al conocimiento propio. Por todo ello os animo a reflexionar.
Un cordial saludo
Etiquetas:
Afectos,
Apetitos,
Cogitativa,
Emociones,
Personalidad
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15 comentarios:
El mundo emocional. Resumen puntos 1 a 5.
El significado de los términos que en el lenguaje común se usan indistintamente (emoción, pasión, afecto, sentimiento), ayuda a mostrar que estamos ante una realidad rica y compleja.
El carácter (predisposición operativa del hombre, moldeable) y el temperamento (disposición somática que orienta la reacción ante diversos estímulos, más rígido y estable) son presupuestos configuradores de la personalidad, entendiendo ésta por el conjunto de los rasgos suficientemente estables que caracterizan el obrar. Los rasgos de carácter y temperamento están en íntima relación con la emotividad, por lo que es lógico concluir que la educación de la afectividad es esencial para la madurez de la personalidad.
Desde el punto de vista de la psicología filosófica, las emociones son estados de carácter consecuente y concomitante respecto a operaciones cognitivo-valorativas (actividad propia de la cogitativa, aunque también intervienen la imaginación y la memoria) y tendencias del sujeto (apetitos irascible y concupiscible), en íntima conexión con el entorno y con la propia situación psicosomática. Es como un estado que informa acerca de la capacidad, posibilidad, recursos, etc. de los que dispone el sujeto ante un determinado objeto conocido-deseado.
Para la psicología, la emoción es una respuesta tridimensional (cognitiva, fisiológica y conductual) de un sujeto ante un estímulo consciente o inconsciente.
Ambas sitúan el principio de la emoción en un nivel pre-racional. Ubican su origen en un nivel de deseo o apetencia anterior a la autoconciencia. Se halla en el ámbito de los sentidos internos, y sólo conociendo la dinámica propia del psiquismo humano, de la estructura de las facultades cognitivas y tendenciales (especialmente de la cogitativa), puede comprenderse la naturaleza de las emociones. No podemos olvidar que en el conocimiento sensible, organicidad y conocimiento van de la mano. Para entender la naturaleza de las emociones es preciso recordar:
1º la capacidad de conocimiento valorativo, que realiza la cogitativa;
2º el impulso elicitado, esto es, el deseo que sigue a ese conocimiento;
3º el padecer concomitante del sujeto (es algo que le pasa, que le sucede).
La imaginación también tiene su papel, por su capacidad de re-presentar, de sugerir. Pero no es lo mismo la representación del objeto que ella posee con la representación valorativa, esto es, el objeto visto en relación a la propia disposición psicosomática, que apela a las tendencias que se inclinan hacia la posesión. La emoción supone así la manifestación de determinada información respecto a esta dinámica operativa: reconocer lo bueno como posible o imposible, y lo malo como evitable o inevitable –también la realidad presente-. Bondad/maldad, en sentido de adecuación psicosomática, no en sentido ético. Tanto este juicio como el de “posible/imposible” dependen de la situación del sujeto y de sus experiencias vitales. Los sentimientos de alegría/tristeza articulan toda esta dinámica de carácter bipolar.
Educación y emociones.
Una educación afectiva acertada es la que ayuda conocerse, a aceptarse y a tratar de mejorar. El mundo afectivo es muy rico y variado. Ser capaces de verbalizar los estados anímicos es un primer paso para dominarlos, o al menos, para tratar de gobernarlos. Una persona no puede evitar sentir lo que siente, pero sí puede tratar de mitigar la intensidad del sentimiento, incluso de su duración.
La información que ofrecen los estados emocionales es necesaria para el conocimiento propio y de ciertos ámbitos de la realidad, pero no asegura el acierto, pues el juicio pre-racional sobre lo bueno/malo se refiere a la situación psicosomática, no a la totalidad del ser personal y su crecimiento. Por esto, las emociones pueden y deben ser educadas para ajustarlas a la propia realidad y a la del mundo que nos rodea.
Tres son los ejes sobre los que debe pivotar la educación de la afectividad: 1º. El perfeccionamiento por la inteligencia, de la cogitativa y la imaginación. 2º. El fortalecimiento del apetito irascible para ampliar el ámbito de lo deseable a lo arduo. 3º. La mejora del apetito concupiscible, aprendiendo a retrasar el deleite. Sólo de esta manera, se apreciarán como POSIBLES objetivos mejores y más costosos, y se facilita la inclusión del futuro en la propia biografía. Una persona se define más por sus proyectos a futuro, cuando estos son buscados con determinación, que por su pasado, que indudablemente le condiciona. Todo lo que coopere a extender el horizonte de mejora personal, a descubrir nuevos objetivos que contribuya al crecimiento, con un planteamiento realista de aceptación propia, es positivo para la educación afectiva.
Primero me gustaría comentar que la lectura de este tema me ha resultado un poco compleja y difícil de entender en algunos puntos, me ha costado elegir por donde realizar el comentario.
Es cierto que cuando nos referimos a educación el término “emoción” no está muy presente lo cual es un error, pues las emociones son fundamentales para el desarrollo del conocimiento en su concepto más amplio. Las emociones que nos enseñan a través de la experiencia como podemos reaccionar ante estímulos externos o internos nos ofrecen un sinfín de datos de los cuales aprendemos como reaccionamos antes ciertas situaciones, objetos o simplemente estímulos lo que nos ayuda a adquirir la experiencia suficiente como para contralar nuestras tendencias (negativas), pues están ligadas a nuestro estado emocional, es decir, las emociones están ligadas a tres aspecto fundamentales: carácter, temperamento y personalidad son los tres rasgos fundamentales que definen a un hombre y que le guían en su toma de decisiones y por ende inciden en nuestras tendencias. De aquí que debamos establecer unas pautas recogidas por nuestra experiencia para poder controlar y educar las emociones en la medida de lo posible. Debemos aprender a responder a los estímulos de la forma correcta y limitando el aspecto corporal pues no podemos hablar de emoción sin nombrar al cuerpo. Nuestras emociones repercuten en nuestro cuerpo de una forma significativa sin poder controlarlo en muchas ocasiones, es decir, cuando no sabemos controlar nuestro estado emocional nuestro cuerpo sufre las consecuencias de la misma manera que nuestro estado psicológico. Por lo que debemos establecer unas pautas de control o gobierno sobre nuestras emociones, deben ser educadas y limitadas de una forma correcta para poder valernos de ellas sin que nos haga daño ya sea de un modo fisiológico o psicológico.
En primer lugar atendamos a la cuestión de ¿Qué son las emociones? Podríamos decir que se trata de un estado de carácter consecuente y contaminante que da información sobre las capacidades, posibilidades, recursos, tendencias, etc. de los que dispone el sujeto ante un determinado objeto conocido- deseado. Una representación sensible concreta puede provocar estados emocionales distintos dependiendo de las características de las capacidades y condiciones de la persona.
Además es importante destacar que la emoción integra una respuesta triple, ya que no solo es fisiológica sino también conductual y cognitiva, entendiendo el mundo interior del hombre como reacción a ciertos estímulos u objetos.
En lo referente a las emociones debemos señalas que existen 3 conceptos que están especialmente ligados a la emoción: el temperamento, el carácter y la personalidad. El carácter designa la predisposición operativa del hombre, es decir, su estilo o su patrón conductual habitual. Este está estrechamente ligado con el temperamento, que es la disposición somática que lleva a reaccionar de modo diverso ante estímulos determinados. El temperamento es por así decir el encargado de controlar la intensidad, la duración, latencia, y umbral de activación de las respuestas. Por último, tenemos el término personalidad, que es el conjunto de rasgos suficientemente estables que caracterizan el obrar, presupone y determina el temperamento del hombre. Como ya hemos dicho anteriormente la emoción incluye estos tres tipos de respuesta, de ahi la importancia de educar los aspectos emocionales, la afectividad, esencial para que los seres humanos alcancen la madurez de la personalidad. Las emociones deben ser educadas con el objetivo de que los niños sean capaz de ajustarlas a la propia realidad y a un mundo real, que sepan dar una respuesta coherente, consciente, lógica, proporcinada frente a los hechos o la causa que la produce. Y sobre todo que aprendan a controlarse y lograr que lo bueno en si guste y lo malo disguste.
EMOCIONES
Las emociones son relativamente fáciles de definir, pero bastante difíciles de manejar y de educar. Según las diferentes definiciones, son básicamente reacciones, más o menos conscientes, ante estímulos tanto exteriores como interiores. Se sitúan a un nivel pre-racional pero hay diferentes niveles de reacción ante las emociones que sentimos. No es lo mismo tener miedo ante un peligro (tanto real como irreal), que estar cocinando un rencor en nuestro interior.
Cuando el individuo está involucrado en un determinado estado emocional su capacidad cognoscitiva se altera (no vemos las cosas igual cuando estamos enamorados que cuando estamos deprimidos), su estado físico también cambia (ritmo cardíaco, tensión muscular...) al estar involucrados los sentidos internos y la conducta suele ser predominantemente reactiva, a no ser que haya sido educada para ajustarla a su propia realidad y a la de su entorno.
Por ello la educación de la afectividad es esencial para la madurez de la personalidad. Ésta, a su vez, viene determinada por el carácter o patrón habitual de conducta y el temperamento, que regula el nivel de respuesta ante los diferentes estímulos.
Dependiendo del contexto social, las respuestas emocionales pueden verse condicionadas dependiendo de cúal sea el detonante y las distintas valoraciones y autovaloraciones que el individuo pueda llegar a realizar antes de reaccionar (p.ej. Los hombres no lloran)
La psicología nos aporta pautas mediante las que podemos enfocar correctamente la educación emocional para conseguir, en primer lugar, que el juicio de la cogitativa se ajuste a la realidad, que la imaginación se utilice a nivel creativo y no se quede en la ensoñación, que se fortalezca el apetito irascible aprendiendo a controlar los impulsos irreflexivos y que finalmente el individuo consiga discernir por sus propios medios lo que es correcto o incorrecto, tanto para sí mismo como para los demás.
En primer lugar quiero hacer referencia a que el el término emoción procede del término latino emovere que significa «sacar de un lugar», «retirar» o «sacudir».
Las emociones no son operaciones, sino "estados" del sujeto que acaecen -son
concomitantes- al realizar determinadas operaciones de los sentidos internos. Esto no quiere decir que se trate de estados irracionales, sino que pueden despertarse antes de la autoconciencia.
Esta simple afirmación implica que las emociones no están directamente a nuestra disposición, sino que en gran medida "las padecemos". Las emociones son algo que "nos pasa". Por eso su control es siempre indirecto (actuando sobre la imaginación, la cogitativa y las pasiones, no sobre los estados directamente).
El término carácter designa la predisposición operativa del hombre y más en concreto, el estilo o patrón habitual de conducta, y está en íntima conexión con el temperamento que es la disposición somática que lleva a reaccionar de modo diverso ante estímulos determinados.
Llamamos personalidad, al conjunto de rasgos suficientemente estables que caracterizan el obrar, presupone las determinaciones temperamentales y caracterológicas del hombre.
Las emociones pueden y deben ser educadas para ajustarlas a la propia realidad y a la del mundo entorno.
Los ejes sobre los que ha de pivotar pues la educación son: por un lado el perfeccionamiento de la cogitativa por la inteligencia y de la imaginación en sus niveles más altos. Por otro, el fortalecimiento del apetito irascible y la mejora del concupiscible (aprender a retardar el deleite, y por tanto no quedando atrapado ante lo que se ofrece como apetecible en un primer momento).
Las emociones no son operaciones, sino estados del sujeto que acaecen, algo que “algo que nos pasa”. Esto no supone que sean estados irracionales, sino que pueden despertarse antes de la autoconciencia; tampoco quiere decir que no se pueda hacer nada para controlar las emociones, sino que su control es siempre indirecto, es decir, hay que actuar sobre la cogitativa, la imaginación y las pasiones, no sobre los estados directamente.
Las emociones incluyen tres tipos de respuesta de un sujeto ante un estímulo consciente o inconsciente: cognitiva, fisiológica y conductual. Por ello, el temperamento -disposición somática que lleva a reaccionar de modo diverso ante estímulos concreto- y el carácter -estilo habitual de conducta- están muy relacionados con la emotividad de los sujetos.
Las emociones conllevan un conocimiento valorativo (por la cogitativa), una inclinación o deseo y el “saberse capaz”. Lo primero y lo tercero conllevan un juicio que depende, no tanto de la realidad en sí misma, como de la situación del sujeto y de sus experiencias vitales. De ahí que las emociones pueden educarse, para que se ajusten mejor a la propia realidad y a la del entorno. La psicología puede ayudar a mejorar el ajuste de cada una de las tres respuestas emocionales: cognitivas (aprendiendo a juzgar con mayor realismo las situaciones); conductual (técnicas de modificación de conducta, que ayudan a aprender a controlar los impulsos irreflexivos) y fisiológica (mejorando la regulación neurovegetativa). Así, hoy en día se da mayor importancia a la necesidad de educar la inteligencia emocional, señalándose en los apuntes vías para fomentar la madurez emocional, como son la búsqueda de una reacción proporcional entre la emoción y la causa que la produce, intentar hacer conscientes las respuestas (lo cual ha de partir del aumento de nuestro vocabulario emocional), reflexionar sobre nuestras emociones y tratar de controlarlas (para no enfrentarnos a situaciones en las que somos incapaces de justificar y responder de nuestra propia conducta) y favorecer la inclinación de nuestras emociones hacia lo bueno.
En primer lugar quiero hacer referencia a que el el término emoción procede del término latino emovere que significa «sacar de un lugar», «retirar» o «sacudir».
Las emociones no son operaciones, sino "estados" del sujeto que acaecen -son
concomitantes- al realizar determinadas operaciones de los sentidos internos. Esto no quiere decir que se trate de estados irracionales, sino que pueden despertarse antes de la autoconciencia.
Esta simple afirmación implica que las emociones no están directamente a nuestra disposición, sino que en gran medida "las padecemos". Las emociones son algo que "nos pasa". Por eso su control es siempre indirecto (actuando sobre la imaginación, la cogitativa y las pasiones, no sobre los estados directamente).
El término carácter designa la predisposición operativa del hombre y más en concreto, el estilo o patrón habitual de conducta, y está en íntima conexión con el temperamento que es la disposición somática que lleva a reaccionar de modo diverso ante estímulos determinados.
Llamamos personalidad, al conjunto de rasgos suficientemente estables que caracterizan el obrar, presupone las determinaciones temperamentales y caracterológicas del hombre.
Las emociones pueden y deben ser educadas para ajustarlas a la propia realidad y a la del mundo entorno.
Los ejes sobre los que ha de pivotar pues la educación son: por un lado el perfeccionamiento de la cogitativa por la inteligencia y de la imaginación en sus niveles más altos. Por otro, el fortalecimiento del apetito irascible y la mejora del concupiscible (aprender a retardar el deleite, y por tanto no quedando atrapado ante lo que se ofrece como apetecible en un primer momento).
H. MARÍA ELENA JIMÉNEZ DELGADO
Hay un fenómeno que vengo observando desde hace tiempo, y que he encontrado parcialmente explicado en este capítulo. Siempre he creído que las generaciones anteriores a la nuestra han dado personalidades más maduras que las de nuestras generaciones. Miramos con admiración a nuestros padres y abuelos, a todo lo que vivieron, cómo crecieron y, muchas veces, a la madurez de sus decisiones en edades tempranas. A su vez, hoy en día se puede constatar una creciente brecha de descompensación entre la madurez somática y psicológica. Los niños crecen hoy mucho más sanos que hace, p.ej. cincuenta años. Son más fuertes, más altos, más sanos de lo que fuimos nosotros y fueron nuestros padres y abuelos. Sin embargo, llegan a la madurez somática mucho antes que a la madurez psicológica, lo que en la edad de la madurez sexual causa a veces muchos problemas en la edad de la adolescencia. Cuerpos de hombre y mujer, mentes de niño y niña. Siempre lo he achacado a que nuestros abuelos lidiaron con las penas de la guerra, o nuestros padres con las penurias de la postguerra. Tuvieron que experimentar dolor, muerte, miedo, carestía, hambre, de una forma que los niños de hoy no experimentan, y eso les hizo madurar. Esta hipótesis se refleja en parte en las capacidades del desarrollo psicológico que marcan la madurez de la personalidad. La capacidad de afrontamiento, de superación de los obstáculos, del dolor y de la muerte cercana hacen que quizá las generaciones más antiguas hayan desarrollado mucho más la virtud de la fortaleza. Nuestra generación, y las posteriores, no han tenido que afrontar tantos obstáculos como nuestros padres o abuelos. También la carestía, el hambre y la necesidad hacen que se desarrolle la capacidad de distinguir medios y fines, y, sobre todo, de mesura en el deleite, de saber retrasar el placer. Muchas veces nos choca la impaciencia, (intransigencia a veces) de los niños ante la negación de un deleite. Supongo que las generaciones anteriores tenían que ejercitarse en la virtud de la templanza de un modo obligado. Sencillamente, no había, y cuando había, muchas veces la disciplina obligaba a obedecer y abstenerse. Esto crea hábito, incluso en ausencia de una libertad plena, cuando la privación viene impuesta. Estimo, sin embargo, que las generaciones actuales quizá estén más versadas en inteligencia emocional, y, quizá desde cierto punto de vista, a lidiar con los vericuetos de la libertad en la toma de decisiones. Pero posiblemente sea la carencia en las dos primeras capacidades lo que provoca el desarrollo más tardío de la personalidad de las generaciones más jóvenes.
Se trata de un estado de información acerca de la capacidad, posibilidad, recursos, etc. De los que dispone el sujeto ante un determinado objeto conocido – deseado, situamos el principio de emoción en un nivel pre-racional, ubican su origen en un nivel de conocimiento, o de deseo. Tiene mucha relevancia por su triple respuesta ( isiológica, cognitiva y conductual). El carácter es la predisposición del operativa del hombre, el estilo o patrón de conducta, íntimamente ligado con el temperamento que modula la intensidad , por ultimo la personalidad es el conjunto de rasgos que caracterizan el obrar de la persona, por cuanto la emoción incluye tres tipos de respuestas, quizás habría que educar o crear unas estrategias para modular esas emociones , y equilibrarlas de tal manera que los baches emocionales que tenga el niño no se acentúen tanto. En mi opinión una enseñanza de variables psicológicas como ( atención, concentración, autocontrol, motivación, nivel de activación, control de pensamientos) pueden ayudar al equilibrio emocional. La emociones deben ser educada para ajustarlas a la propia realidad y a la del mundo. Estamos enseñados para obtener conocimientos y para usar herramientas, y realizar actividades, pero no educamos para controlar nuestra mente, nuestros pensamiento, nuestras emociones. Al final cada acción o cada actividad que hacemos o realizamos en nuestra vida diaria, requiere de un trabajo mental previo o un calentamiento mental previo para realizar la actividad de forma comprometedora y esforzándose al máximo, aumentando el rendimiento de la persona, en la escuela.
En primer lugar, me gustaría señalar que, al igual que ha comentado una compañera, este tema me ha resultado difícil de comprender. A continuación, paso a desarrollar mi comentario:
A la hora de definir el término emoción nos encontramos con diferentes aportaciones por parte de la filosofía, la psicología y la fisiología.
Tanto la filosofía como la psicología, sitúan el origen de la emoción en un nivel pre-racional anterior a la autoconciencia, en los sentidos internos. Ambas disciplinas se sirven de una gran variedad de términos para hacer referencia a esta realidad -emoción, sentimiento, afecto, estado de ánimo, pasión, instinto,…- y cada uno de éstos, introduce algún aspecto de la misma.
La psicología la define como la triple respuesta –cognitiva, fisiológica y conductual- de un sujeto ante un estímulo consciente o inconsciente. Dentro de las aportaciones de la psicología contemporánea destacan dos corrientes: unos autores le dan prioridad a la dimensión cognitivo-valorativa y otros se la dan a la dimensión fisiológica.
Podríamos afirmar que en el origen de la emoción entran ambas dimensiones, pero consideradas en su dimensión relacional-valorativa. En el momento en el que la valoración entra en juego habría que tener en cuenta el contexto sociocultural, no solo por el significado que se le pueda dar a los acontecimientos, sino también porque las respuestas se pueden ver condicionadas por el mismo.
La filosofía nos aporta su conocimiento acerca de los sentidos internos. Lo que en primer término nos aproxima a la realidad emocional humana es la capacidad de conocimiento valorativo, que es desarrollada por la cogitativa. De manera conjunta surge el deseo. La emoción permite el juicio pre-racional sobre lo bueno-malo (referido a la situación psicosomática, no a la totalidad del ser personal y su crecimiento) y lo posible-imposible. Destacar que la emoción no es una operación sino un estado del sujeto.
Por tanto, las emociones no sólo pueden sino que deben ser educadas para ajustarlas a la propia realidad y a la del entorno. Como las emociones son algo que nos pasa, su control ha der ser indirecto, actuando sobre la imaginación, la cogitativa y las pasiones. Para ello se hace necesario:
• Un ajuste del juicio de la cogitativa a la realidad por medio de la inteligencia.
• El perfeccionamiento de la imaginación.
• Fortalecer el apetito irascible, ampliando así el ámbito de lo deseable.
• Mejorar el apetito concupiscible, para no caer en lo que se ofrece apetecible en un primer momento.
• Mejorar el ajuste de las respuestas cognitivas, conductuales y fisiológicas.
Sólo mediante la educación de las emociones se logra superar las tendencias, se logra que la reacción emocional sea proporcional a su causa, se consigue adecuar la emoción a la realidad y se puede controlar la conducta para que ésta no impida la reflexión sobre el ajuste a la realidad, se logra una vida menos caprichosa y se facilita que lo bueno guste y que lo malo no.
El mundo de las emociones.
Una emoción es la respuesta ante una situación. Estas respuestas se muestran de forma fisiológica,conductual y cognitiva. Y a veces no se dan juntas ni a la vez.
En el mundo de las emociones entra en juego el sentir. Los sentimientos que sentimos son experiencia de la emoción que experimentamos.
La emoción como respuesta nos da una información acerca de la persona.
Las emociones deben ser educados y pueden serlo.
Deben ser educadas para que realmente se ajusten a la realidad de las cosas y del mundo.
La respuesta emocional cognitiva podemos educarla haciendo que se vea un mayor realismo en las situaciones. Conductualmente aprendiendo a controlar o gobernar los impulsos irreflexivos.
Enseñar a reflexionar y hablar de las emociones y de los sentimientos que conllevan como experiencia ayudaran a gobernarlos y tener un auto control sobre algunas reacciones.
EL MUNDO EMOCIONAL
Me parece muy interesante como el mundo de las pasiones ocupa un lugar muy importante en la tarea educativa. Si las emociones no son bien educadas, puede darse un descontrol en el equilibrio emocional que puede afectar enormemente para que se lleve a cabo el proceso enseñanza-aprendizaje. El término emoción procede del latín “emovere” que significa “sacar de un lugar”, “retirar” o “sacudir”.
Es un “estado” que nos ayuda a valorar determinados acontecimientos o realidades y a ser capaces de afrontar cualquier situación.
Los conceptos de temperamento, carácter y personalidad están especialmente ligados al de emoción.
Carácter: Designa la predisposición operativa del hombre y más en concreto, el estilo o patrón habitual de conducta. Está en íntima conexión con el temperamento.
Temperamento: es algo innato en cada persona. Es el conjunto de inclinaciones internas, que brotan de la constitución fisiológica de cada persona.
Personalidad: Conjunto de rasgos suficientemente estables que caracterizan el obrar. Presupone las determinaciones temperamentales y caracterológicas del hombre.
Debido a que los tres conceptos, que acabamos de citar, están tan ligados a la emoción, la educación de la afectividad es esencial para la madurez de la personalidad.
SOCIOLOGÍA: EL MUNDO EMOCIONAL.
El mundo emocional nos dice el autor “ocupa un lugar importante en la hora de educar” Ciertamente tiene razón, ya que las emociones no las controlamos sino que las padecemos. Por ello, creo muy conveniente que conozcamos el mundo emocional, para poder ayudar a los niños a que puedan afrontar las situaciones con madurez emocional de acuerdo a su edad.
El término emoción significa << sacar de un lugar>>,<> o <>.Es decir, el mundo emocional es un sentir, se trata de algo sentido, experiencial, próximo a los sentidos externos, por lo tanto cuanto es sentir, implica corporalidad. En términos filosóficos la emoción cabe decir que también se halla en el ámbito de los sentidos internos. En resumen las emociones son sentidas y padecidas por los sujetos.
Se utilizan términos diversos para referirse a esta realidad humana y cada uno de ellos denota algún aspecto de esta compleja realidad. Los más comunes son: emoción, sentimiento, afecto, estado de ánimo y pasión.
La reacción emocional puede ser por alguna de estas tres respuestas tridimensionales: cognitiva, fisiológica y conductual.
-Cognitiva: el sujeto sufre una modificación en su capacidad cognitiva (percepción, atención y memoria especialmente)
- Fisiológica: sufre un cambio en el ritmo cardíaco, temperatura corporal, tensión muscular, y en general las respuestas ligadas a los sistemas simpático y parasimpático.
- Conductual: comportamientos predominantes reactivos frente a los positivos.
El término carácter nos habla del estilo de conducta del hombre y éste está en íntima conexión con el temperamento, el cual modula la intensidad, duración, latencia y umbral de activación de las respuestas en sus dimensiones fisiológicas. Otro término importante es la personalidad que presupone las determinaciones temperamentales y caracterológicas del hombre.
Finalmente, es importante que no olvidemos que la educación en la afectividad es esencial para la madurez de la personalidad. Debemos ser conscientes que las emociones pueden y sobre todo deben ser educadas para ajustarlas a la propia realidad.
Ana Díaz
EL MUNDO EMOCIONAL
En una primera lectura no entendí nada del texto, así que leí la exposición de Yepes sobre el tema, y después retomé con otra perspectiva este texto. Lo que ambos textos me han hecho ver, es que los sentimientos son expresiones de nuestra persona sobre cómo se enfrentan la realidad con nuestras tendencias. Por eso intervienen facultades orgánicas, para percibir, intervienen las facultades cognitivas, para conocer, las tendencias, para reconocer nuestros objetivos, y también las facultades cogitativas, para valorar. Es un padecimiento del sujeto, una realidad concomitante, que sale de él, respecto a la valoración y el deseo. Es decir, es el resultado de la reacción entre la realidad percibida por el sujeto y sus tendencias; y ese resultado responde a una armonía o desarmonía. Dicen algo del sujeto que padece, que siente, dicen si la realidad experimentada se presenta como un obstáculo o un apoyo a lo que son los fines propios.
El carácter bipolar que rige el mundo emocional (alegría vs tristeza) es la expresión de los sentimientos de los 2 grupos de tendencias: el deseo o apetito concupiscible (querer poseer un bien) y el impulso o apetito irascible (querer apartar algo que nos aleja de poseer el bien). Estas tendencias causan amor (querer poseer un bien) u odio (rechazar el mal). El amor en el presente, querer poseer el bien actual lo llamamos placer, y si lo proyectamos en el futuro lo llamamos deseo. Ocurre lo mismo con el odio, puede ser aversión al mal futuro que provoca la inclinación a huir, o aversión al mal presente y lo llamamos tristeza o dolor. Los sentimientos siempre tienen su origen en el amor, lo que deseo, lo que amo; lo que me impide amar lo odio, porque estamos orientados al amor, que es nuestro objetivo.
Por todo esto es necesaria la educación de las emociones. Esa reacción realidad y entorno debe ser ajustada. Los sentimientos son irracionales en su origen, pero pueden armonizar con la razón, aparecen o desaparecen pero hay que saber vivirlos sin dejarse dominar. Debemos educar bajo la ética, el aprendizaje ético es ayudar a que los sentimientos sean fuertes y que de ellos salga la riqueza y la belleza interior. Lo bello es lo equilibrado, está en armonía y ordenado, y así se es feliz. Educar bien los afectos es hacer que el ajuste del juicio de la realidad sea el óptimo, es educar la imaginación en su nivel más alto, y es fortalecer el apetito irascible o impulso y mejorar el apetito concupiscible o deseo. Esta educación hará que no caigamos en sentimentalismos que llevan a la insatisfacción. Hará que las convicciones sean más firmes. Sabremos jerarquizar los sentimientos y relativizar aquellos que nos alejan de la felicidad, del amor (nuestro objetivo). Lo difícil es que el objeto desencadenante de los sentimientos a veces no es localizable y por lo tanto difícil de controlar.
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